¿Cómo podemos escucharnos?

Una reflexión desde la Medicina Tradicional China
Durante años se vienen tejiendo de forma silenciosa, pero con bastante fuerza, mensajes que poco a poco van calando en nuestro inconsciente. Mensajes que constantemente nos dicen, sutil o directamente:
Cómo deberíamos dormir.
Qué deberíamos comer.
Cuánto deberíamos entrenar.
Qué suplementos necesitamos.
Qué rutina deberíamos seguir para sentirnos mejor.
Y, paradójicamente, en medio de tanta información, sentí que quizá me estaba alejando de mí. Tenía la sensación constante de no llegar a todo, de intentar encajar cada recomendación en mi vida sin detenerme a preguntarme si realmente lo necesitaba, si me hacía bien o, sencillamente, si tenía sentido para mí.
Un día me pregunté: ¿qué necesitas, Sandra?
Mi respuesta fue: estoy abrumada.
Necesitaba parar. Y no me refiero a no hacer absolutamente nada sentada en un sofá, me refiero a parar de recibir información, estímulos por todos lados, de realizar mil planes, de no poner límites… Parecía que siempre se necesitaba más y más.
La realidad es mucho más compleja que estas líneas. La verdad es que aparecieron muchas resistencias, MUCHAS. Y, en cuestión de tiempo, con mucho mucho mucho amor propio, fui sosteniéndome a mí misma como podía, rodeada de personas que eran luz. Fui poniendo límites que cada vez se volvieron más fáciles de reconocer.
La sabiduría de los ciclos
Aquí es donde la Medicina Tradicional China creo que empezó a resonar profundamente conmigo. La sabiduría que integra este sistema milenario es inspiradora: busca el equilibrio y la armonía con nuestra propia naturaleza, llevando por bandera el respeto hacia los ciclos de la vida y tomando la propia naturaleza como espejo.
Ya lo expresa Lao-Tsé en el Tao Te Ching, base del taoísmo y su idea de armonía y fluidez:
"Sé como las fuerzas de la naturaleza: cuando sopla el viento, solo hay viento; cuando llueve, solo hay lluvia; cuando pasan las nubes, brilla el sol."
La Medicina Tradicional China contempla a la persona como un sistema dinámico, en constante relación consigo misma y con aquello que la rodea. No somos iguales todos los días: nuestra energía cambia, nuestro estado emocional cambia y, por lo tanto, nuestras necesidades cambian.
Y la naturaleza nos lo recuerda constantemente: nada permanece estático. Existen ciclos, momentos de siembra y otros de recolección, épocas de movimiento y épocas de descanso. Quizás nosotros tampoco necesitemos funcionar siempre de la misma manera. Lo desarrollo con más calma en el ser humano y su relación con la naturaleza y sus ciclos.
Nuestro cuerpo siempre nos habla
En las sesiones, cuando aparece un síntoma, algunas de las preguntas que más suelo hacer para conocer mejor a la persona son:
- ¿Cuándo comenzó?
- ¿Estaba ocurriendo algo impactante en su vida en ese momento?
- ¿Cómo ha ido evolucionando ese malestar o sensación desde entonces?
En ocasiones me encuentro con personas que sienten que algo no va “bien” pero no saben identificar lo que ocurre, o no tienen un síntoma concreto pero reconocen un malestar general. Y llegan a consulta cuando aparece ese dolor que ya no se puede ignorar, el cansancio que nos deja sin fuerzas, la sensación de una inflamación constante o una tensión que se instala durante semanas en una parte del cuerpo (generalmente cuello y trapecios).
Pero muchas veces el cuerpo empieza a comunicarse mucho antes, y no todos tenemos los mismos tiempos ni las mismas necesidades. Desde la mirada de la MTC, estos pequeños cambios pueden ser observados como parte de un conjunto. No se trata de interpretar cada síntoma de forma aislada, sino de preguntarnos:
¿Qué está intentando mostrarme mi cuerpo?
Con esta pregunta, la intención es que sea como un viaje de vuelta a uno mismo, al origen, a lo que de verdad nutre nuestra alma, nuestro cuerpo, nuestras emociones… para poder vivir la vida de forma plena, en armonía con nuestra naturaleza interna y la externa. De esta forma, responsabilizándonos de nuestra propia salud y bienestar, propiciamos nuestro equilibrio y contribuimos también al equilibrio comunitario.
Hacernos mejores preguntas
Quizás la cuestión sea salir un poco de nuestra mente, bajar al cuerpo y hacernos mejores preguntas:
“¿Qué me pasa?” → “¿Qué ha cambiado?”
Estas preguntas no buscan encontrar una respuesta perfecta. Buscan recuperar lo que perdemos entre tanta información: nuestra capacidad de observarnos y de prestar atención al cuerpo.
Para mí, el camino de regreso siempre fue hacia dentro
Vivimos gran parte del día fuera de nosotros mismos, expuestos a muchísimos estímulos —pantallas, notificaciones— e información constante. Quizás por eso escucharnos se ha convertido en un acto de regreso, de vuelta, de reconocernos. Y no para hacerlo todo perfecto, sino para tener una relación más armoniosa con nosotros mismos.
Escribo estas palabras no con la intención de imponer dogmas, sino a modo de reflexión sobre cómo nos relacionamos con nosotros mismos y con lo que nos ocurre.
Últimamente siento que el silencio es un acto revolucionario para una misma.
Quizás no necesitamos escuchar más, sino escucharnos más.
Con cariño, Sandra.

